Es difícil explicar esto a quien no lo desee comprender o compartir. No lo escribo aquí por ese menester ni mucho menos, sino quizá por leerlo mañana y recordarlo como hoy lo siento. Porque si de algo me arrepiento en esta vida, es de no relatar cuanto hago, pues lo que hoy es real, mañana será recuerdo, y pasado olvido...
El día que lo conocí le tenía recelo, como a todos los de su raza, o más bien de su especie. Me refiero a Airan...
Para quien no lo conozca, es un personaje que apareció en mi vida como perro, y como tal, como enemigo. Y que hoy, a punto de decirme adiós, no es sólo amigo, sino compañero.
Compañero de numerosos paseos que sin su presencia hubieran sido únicamente caminos.
De innumerables puestas de sol al pie del castillo, que sin sus idas y venidas, hubieran pasado desapercibidas.
El primero que me recibía y el primero que me despedía; puesto que como yo, prefiere ocultar las lágrimas amargas de despedida bajo la cama, antes que decir adiós cara a cara.
El que esperaba ansioso a que Dani abandonara mi habitación para colarse debajo de mi cama
y disfrutar de las primeras horas del día en mi compañía.
El que desayunara a la hora que desayunara, siempre me esperaba.
El que aguardaba bajo mi silla los momentos de la comida o cena, puesto que sabe que con un guiño, de mí, consigue lo que quiera.
El que cuando veíamos la televisión, desde su sitio del sillón, nos observaba a nosotros tranquilo y al menor giro, panza arriba, buscaba ansioso un mimo.
El que cuando le abrumabas con agasajos, se emocionaba y pedía pan. O si te pasabas y lo agobiabas, resoplaba y se hacía "cruasán".
El que llegaras a la hora que llegaras, fuera pronto o madrugada, esperaba tumbado en el pasillo
y hasta que no me metía en la cama, no se quedaba tranquilo.
El que me custodioba al poner y quitar la mesa, por si algún resto se caía, y como adora la limpieza, de paso que limpiaba, se lo comía.
Recuerdo la primera vez que lo vi, con ese cuerpo orondo cubierto de una ostentosa capa de pelo brillante. Tal día como hoy hace 3 años. Acompañando de quien hoy me acompaña a mí, bajo las sombras sinuosas de la avenida del Tancat. Me miraba receloso, como yo a él. En ningún momento nos buscamos ni nos gustamos, eso sí, ambos sabíamos que deberíamos respetarnos.
Hoy, al pie de su ocaso, quiero ofrecerle este pequeño homenaje (aunque estoy segura que con un pedazo de pan duro sería más feliz). Para que los que se hayan perdido estas pequeñas/grandes cosas lo conozcan y si quieren me entiendan. Y para los que las han vivido conmigo las revivan y se diviertan.
Para que hoy quien lo lea y lo conozca, esboce una sonrisa y no una lágrima.
Y para quien lo lea mañana y lo recuerde, no lo olvide nunca.
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2 comentarios:
buff... gracias! de parte de los dos.
Nunca he tenido un perro, sí otras mascotas, y lo he pasado realmente mal cuando han abandonado este mundo, porque a veces te dan más cariño y compañía que muchas personas. Me ha gustado mucho tu entrada. Chao!
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