A quién lo lea:
Me miráis a los ojos cada vez que voy en vuestra búsqueda; taladráis mis retinas cada vez que sigilosa, me adentro en vuestros cuerpos para arrebataos el alma. Me observáis temerosos, porque sabéis que seré lo último que vean vuestras pupilas. Me conocéis desde siempre y a pesar de eso, mi presencia, os aturde.
Os aferráis a la vida justo en el momento que os toca dejarla, aún a sabiendas que soy implacable, que soy poderosa, que soy irreversible y que soy necesaria.
Os atormentáis al otearme pues os culpáis de no haber vivido. Por pensar que en vano han pasado vuestros días y sin prever mi visita aguardáis siempre a realizar vuestros sueños y a cumplir vuestros deseos en un futuro que ahora ya no existe.
Mi llegada nunca es esperada, a pesar de que me aguardáis desde vuestro nacimiento y que sabéis que irremediablemente llamaré a vuestras puertas. Pero todos me veis lejana aún sabiendo que las sorpresas y la casualidad me llevan a actuar sin premeditación.
No me obliguéis a actuar inesperadamente, pues yo también sufro cuando miles de personas son abocadas a mi manto por el placer y el orgullo de unos. Cuando las madres, agonizantes, me miran y me suplican que también las lleve junto a los hijos que les arrebato y cuya cita aún era lejana. No obligadme a llevaos por capricho y placer, pues soy yo quien posteriormente sufro la amargura de los que se quedan y cuya vida ha sido destrozada únicamente por ideologías, envidias o mero deseo sin fundamento.
Ninguna vida es para mí más suprema que otra y así lo demuestro, y sin embargo vosotros, que tanto me odiáis, hacéis por llamadme incansablemente para demostraos los unos a los otros que sois poderosos porque sabéis evocarme. Yo no estoy en ningún bando, solo actúo por necesidad biológica, sois vosotros los que me manejáis a vuestro antojo y hacéis de mí la desdicha de los pueblos.
Si la vida fuera vida y la vivieseis, se aceptaría mi llegada como el fin de todo cuento, pero al no ser vida y convertirse en tedio, siempre los anhelos de vivir algún día, topan con mi inesperada y fatídica misión.
Vivid ahora que os dejo la oportunidad durante este tiempo de disfrutar este paseo por el mundo. Dejad vuestras preocupaciones a un lado, pues no os servirán de nada el día que aparque mi mano en vuestro pecho.
Abríos ahora a la vida y cumplid vuestros deseos o por lo menos perseguidlos hasta que os sintáis satisfechos y plenos, y sólo de esta manera comprenderéis que mi labor es humana aunque os parezca lejana.
Nos veremos...
miércoles, 30 de abril de 2008
sábado, 19 de abril de 2008
La felicidad es y está
La felicidad es y está
Lanzada la hipótesis, comienzan a disparase las respuestas.
¿qué es realmente la felicidad?, ¿es algo cuantitativo?, ¿es algo que devenga de lo material o es pura utopía?...
Las disparidad de opiniones a cerca de sus posibles respuestas ha posicionado siempre al hombre en varios flancos.
Psicológicamente, hablar de felicidad nos coloca frente a una ausencia de dolor... si ahondamos en el significado de esta palabra, obtenemos por definición un “exceso de estimulo”, es decir, un estímulo recogido y procesado por nuestros sentidos y cerebro que se transforma e interpreta como una molestia, que lleva a alejarnos de ese estímulo que quizá en dosis menores sería agradable, pero con un incremento nos conduce a repudiarlo.
Materialmente, la palabra felicidad tiene muchos más posicionamientos y es mucho más ardua en su comprensión, puesto que el concepto felicidad en relación a bienes materiales está íntimamente relacionado con la condición social y el entorno tanto social como natural, en que estemos imbricados a diario. Para algunos, el tópico de que “el dinero no da la felicidad” es mera habladuría, y a pesar de forjar una coraza frente a sus pensamientos, pues hoy en día está mal vista la palabra “materialismo” (aún desprendiéndose de la filosofía marxista que poco tiene que ver con su significado actual), siguen regodeándose de sus riquezas y embalsamando sus ideales.
Para otros, que la felicidad no radique en la economía, es una coletilla empleada para sazonar su desdicha en un intento de aspiración al primer grupo citado. E intentan aparentar que son felices, pues creen que los primeros sí lo son, y cubiertos de legañas, se afanan en amasar sumas que nunca taponarán la verdadera felicidad que aún llamando a sus puertas mantienen cerradas por carpinteros virtuales. Realmente la felicidad radica en los bienes materiales o personales más recónditos, en los que nadie suele fijarse. En las pequeñas cosas que acompañan a diario y que a pesar de pasar desapercibidas no debemos enmascarar. La felicidad está en las personas, tanto dentro como fuera. Está en los estímulos que a diario se reciben, está en el interior de cada uno, en forma de recuerdos, de sueños, de añoranzas y de aspiraciones, está en el carisma de los que nos rodean y que emanan hacia nosotros, en el logro de aspiraciones o aprendizaje del fracaso que nos produce no conseguirlas, está en la propia tristeza y en la depresión, pues sin contrarios no se equilibrarían y ésta no existiría.
La felicidad está en aquel cenicero cubierto de colillas que a diario vaciamos y olvidamos en el alféizar de la ventana, donde cada noche, quemamos esperanzas por encontrarla.
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